Por otra parte, es impensable atragantarse con pastas y panes.
Los hidratos de carbono de cada tipo llegan al intestino reducidos a moléculas de glucosa (azúcar), sin distinciones entre plato de pasta, fruta o pastel. En el viaje hacia el hígado una parte de la glucosa se convierte en una especie de reserva de azúcar para nuestro cuerpo, el glucógeno. Sin embargo, si la reserva alcanzó su tope, el exceso de azúcar se convierte en reservas de grasa.
Otra parte va directamente al torrente sanguíneo y en este punto interviene la insulina, la hormona producida por el páncreas que actúa como una llave para abrir a la glucosa las puertas de las células. Este mecanismo mantiene constante el azúcar en la sangre.
Pero si las células están llenas repelen a los azúcares que quedan en la sangre. Nada puede hacer una segunda acción de la insulina, porque en ese momento la glucosa ya se ha convertido en grasa de reserva en las células adiposas.
Hablando seriamente, si esto sucede regularmente, hay sobreproducción de insulina y se crean sustancias inflamatorias. Y este es el preludio de la diabetes, la obesidad y peor aún, los tumores.
Cuántos carbohidratos comer diariamente
Se puede calcular la cantidad de carbohidratos necesarios para mantener el peso, multiplicando el peso corporal por 3,5. Por ejemplo, para un pesos 60 kg lo ideal es ingerir 60 × 3,5, unos 210 gramos de carbohidratos al día.
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